EVEREST 1924

"Sólo viven aquellos que luchan."
Víctor Hugo

"Si lo puedes soñar lo puedes lograr".
Albert Einstein
"El hombre no está hecho para la derrota...
Un hombre puede ser destruido,
pero no derrotado."

Ernest Hemingway

El día 23 de Abril del 2001, salimos de Namche Bazar una hermosa población en las montañas del Himalaya. Nos dirigimos rumbo a la "avenida principal", un enorme cañón que conduce a las grandes montañas. Era una mañana hermosa con pocas nubes en el cielo, el aire frío normal a esas alturas, la atmósfera era de un transparente tan claro que dejaba brillar a sus anchas la nieve de las montañas lejanas.

Caminábamos por un camino muy estrecho al lado de un barranco que conducía al fondo del cañón sobre  el cual corría el mismo río que nos había acompañado desde que comenzamos nuestra travesía. El melodioso sonido de las campanas que colgaban del cuello de los yacs marcaba el ritmo del nuestro andar, todo se encontraba en total calma cuando de pronto al salir de una curva... ahí estaba!, era el gigante de 8,748 mts.!, Chomolunga “la diosa madre de la tierra”, era el Everest!, asomándose entre las nubes, sobre la cordillera del Lothse nos miraba majestuoso, enigmático, lleno de historias, despidiendo su clásico penacho arrastrado por el viento que desprende la nieve de la arista sur, resplandeciendo sobre el fondo azul intenso del cielo.

 En esos momentos no vino a mi mente el nombre de quien por primera vez lo midió y de quien tomo su nombre occidental, Sir George Everest, tampoco el nombre de los primeros hombres que posaron su pie en lo alto de esa montaña, Tenzing Norgay (sherpa) y Edmund Hillary (Neocelandés). Vino a mi mente ese admirable hombre, el máximo héroe de los montañistas, el gran explorador que a comienzos de este siglo, cuando no había la tecnología  necesaria soñó con llegar a su cima. Era una época en que no se sabía nada acerca de las condiciones a tal altitud, en la que se creía imposible que el hombre pudiera sobrevivir arriba de los ocho mil metros. En un tiempo en el que no había radios de comunicación que facilitaran la coordinación de tal empresa, ni siquiera aviones para que pudieran sobrevolar la zona y dar un pequeño avistamiento de una posible ruta hacia la cima. En esos días se escalaba con pantalón de tweed, saco, bufanda, gorro de lana y varias capas de suéteres para evitar el frío, solo una buena sombrilla y la crema de óxido de zinc podían protegerlos del dañino sol de las alturas. Los piolets eran de madera, mucho más propensos a romperse, las botas eran de cuero que no es tan resistente a la humedad y para asirse al suelo en lugar de crampones tenían las suelas tachonadas con clavos. Pero todo eso no fue un impedimento para él, simplemente desafiando todos los límites de su tiempo se lanzo en busca de un sueño, el más grande de su época para cualquier explorador: conquistar la cima del mundo el Monte Everest.

 George W. Mallory era todo un caballero inglés, educado según las costumbres de su época, amante del arte, soñador e idealista, hombre humano y de buen trato, lector apasionado de William Shakespiere. Dotado con excelentes habilidades técnicas para la montaña Mallory poseía una gran sensibilidad que era rara en un alpinista, lo que lo hacia muy diferente a lo demás. Encontraba en la montaña una gran profundidad y calificaba el alpinismo como una “experiencia espiritual”, como lo vemos en este texto que escribió en 1911 a Geoffrey Young a propósito de las criticas que recibió por escribir un articulo para la revista “The alpine journal”:

 “Mucho me temo que sea un disparate proponerse hablar de una expedición como si fuese una experiencia espiritual cargada de sensaciones mentales y pocos detalles físicos” En esa misma carta nos habla también acerca de su filosofía de montaña:  “¿Hemos vencido a un enemigo?, No solo a nosotros mismos, ¿Hemos adquirido fama?, aquí eso nada significa, ¿Hemos conquistado un reino?, No...y Si. Hemos logrado una satisfacción extrema ... cumplido un destino...”

 George Mallory realizo tres históricos intentos por conquistar la montaña  que quedaron para siempre escritos con letras de oro en la historia del alpinismo Himalayo. El primero de ellos en 1921 básicamente de reconocimiento y “si la montaña se deja a lo mejor intentaremos la cima”, diría. Este intento serviría tan solo como previa exploración para buscar alguna ruta posible para atacar la cima, pero el cansancio provocado por la cantidad de terreno recorrido buscando caminos, subiendo y bajando montañas que les permitieran  mejores avistamientos de la posible ruta y la llegada del monzón de verano los obligo a retirarse. En este primer acercamiento la montaña cobraría su primera victima: el jefe de la expedición, el Doctor Kellas, quien murió por complicaciones de mal de altura al cruzar un paso entre las montañas a 5,200 mts sobre el nivel del mar. Esta expedición sirvió para saber que por la cara norte si había una posible ruta cruzando el enorme glaciar del Rongbuk para intentar posteriormente encaramarse a la arista que conduce a la cima.

 Al año siguiente (1922), en la segunda expedición, se progreso más y por fin se encontró la ruta hacia la arista norte que sería uno de los caminos más viables para su ascenso hasta el día de hoy, pero aunque Mallory alcanzó los 8,225 mts. sin usar oxigeno y Finch los 8,321 mts. con oxigeno, ambos records para su época, tampoco se alcanzo la cima. La expedición se tuvo que retirar antes de realizar un último intento cuando una cordada completa con nueve de sus sherpas fue barrida por una avalancha mientras realizaban una travesía por la montaña. Nuevamente el Everest cobraba un alto precio por atreverse a desafiarle, a Mallory esto le afectó mucho pues era una persona muy considerada con los sherpas de quien admiraba y valoraba su enorme ayuda y apoyo por si fuera poco esto le pesó a un más por que fue el quien quiso realizar este último intento poco antes de la retirada.

 Entre expedición y expedición se dedicaba a dar platicas para varios organismos de geografía pues ya para ese entonces su fama de excelente montañista y expedicionario era muy grande, pues no solo había escalado y abierto nuevas rutas en todas las montañas europeas sino que ahora estaba en búsqueda de límite máximo sobre la tierra. .

 Llegaría el fatal año de 1924 y con él la última ascensión de George Mallory. Tras varios intentos la expedición logró por medio de sus Integrantes el coronel F. Norton y H. Somervell alcanzar los 8,570 mts!. Esta altura no se superaría hasta 1952 (un año antes de la conquista de la montaña). Estaban ya a tan solo 300 metros de distancia vertical!, de la cima, aunque horizontalmente quedaban aún varios cientos de metros más por recorrer ya que la arista norte es bastante larga aunque una vez sobre de ella su pendiente es más o menos gentil, (si se puede llamar gentil a un camino arriba de los 8,000 mts.) sobre de ella todavía hay que recorrer muchos cientos de metros antes de alcanzar la cima. De hecho hoy en día el último campamento que se pone antes de la cima, por esa ruta, esta en sentido horizontal mucho más cerca que lo que ellos lo pusieron en 1924.

 Es muy común cuando se esta ascendiendo por una arista que la perspectiva nos engañe haciendo que cualquier saliente por pequeña que sea parezca la cima, y que esta se encuentre mucho más cerca de lo que realmente esta, desafortunadamente esa era la vista que tuvieron estos alpinistas todo el tiempo por lo que casi siempre fueron siguiendo una meta que parecía alejarse cada vez más. Solo la vista horizontal desde un punto lejano de la montaña nos da la verdadera dimensión del recorrido, pero recordemos que estos hombres no tenían esos puntos de vista privilegiados y que estaban poniendo el pie y viendo lo que nadie había pisado ni visto nunca antes.

 A pesar de esos fracasos previos Mallory sabía que todavía había una pequeña luz de esperanza antes de partir y aguardaba su oportunidad junto con Irvine quien era por mucho el integrante más joven de la expedición. Con excelente condición y notables facultades atléticas era un joven universitario destacado en el deporte, con talento innato con las manos para manipular cualquier tipo de maquinas y herramientas, él era el encargado de los rudimentarios aparatos de oxigeno. Mallory no era un ferviente partidario del uso de oxigeno, pero con base a la experiencia previa de sus compañeros se había percatado que si bien el oxigeno era pesado y los aparatos fallaban constantemente el “aire ingles” (así le decían los sherpas) proporcionaba la energía necesaria para un mejor desempeño arriba de los ocho mil metros.

 Mallory pensó que Irvine sería la juventud y el empuje y que él pondría la experiencia y la capacidad técnica que los llevaría a la cima. Por eso aunque inexperto confió en el para realizar el último intento, la última oportunidad para hacer historia.

 El día 6 de Junio salieron del campamento cuatro rumbo al campamento cinco, después de descansar un poco ahí siguieron de largo al último campamento, el seis, con la idea de salir en la madrugada del día siguiente rumbo a la cima.

 Algo paso el día 8 por la madrugada, pues dejaron el campamento alto muy tarde ya con la luz del sol iluminando la montaña, cuando debieron salir a la luz de las lámparas. Esto se comprobó cuando se encontró la tienda en estado desordenado y sus lámparas estaban ahí.

 Ya en camino fueron vistos por última vez a lo lejos como a las 12:50 por Odell otro de sus compañeros de equipo, encargado de las investigaciones geológicas ( a 8,000 mts de altura!), él dijo verlos cuando “se acercaron a una cresta de nieve al pie de un escalón rocoso de la arista” muy cerca de la cima para poco después perderse entre las nubes...

 Nunca se supo más de ellos, nadie avanzó mucho más por esa ruta en los años siguientes, pero con el paso de los años se sabría que en esa ruta hay dos “escalones” de piedra impidiendo el camino que si bien fueron divisados desde la expedición del 24 no se conocía su real dificultad. El primero difícil pero superable, el segundo mucho más complicado técnicamente que el primero al grado que el primer hombre que lo escalo, muchos años después, se tuvo que quitar las botas y los guantes para tener mejor agarre y se encaramo sobre los hombros de su compañero para poderlo superar, claro eso le costo que le amputaran los pies por congelamiento. Ya para el segundo ascenso los chinos pusieron una escalera metálica que hasta la fecha sigue ahí para ayudar a alcanzar la cima, claro a esa altura quien va a subir a robársela. Hoy se sabe que una vez que se alcanza la parte alta del segundo escalón es difícil que alguien desista de llegar a la cima. ¿Sobre que escalón vio Odell a Mallory e Irvine?.

 Debido que ahora se conoce bien esta ruta junto con las dificultades del segundo escalón, a la distancia que hay desde donde Mallory situó el campo seis a la cima, y los indicios de su partida ya tarde esa mañana (hoy en día se sale casi a media noche), la creencia generalizada y fundamentada en los hechos es que Mallory e Irvine no alcanzaron la cima y murieron muy probablemente abortando el intento mientras descendían.

 A pesar de esto cuando se le preguntaba a Odell sobre que escalón los vio él siempre se mantuvo seguro de haberlos visto arriba del segundo, aunque hoy se han hecho pruebas de visión desde donde Odell dijo estar situado y se cree que es difícil distinguir entre personas o simples manchas sobre la nieve aunque la atmósfera allá arriba es tan cambiante que por breves instantes se vuelve totalmente transparente. De todas formas Odell con el paso de los años siempre se mantuvo seguro de tal avistamiento.

 Su desaparición entre las nubes los llevo a la inmortalidad y los ha mantenido con el paso de los años cubiertos de misterio, fueron ellos los primeros hombres en alcanzar la cima del mundo?, a que altura llegaron?, superarían el segundo escalón?, habrá fotografías en su camara que nos indiquen que sucedió?, donde esta esa cámara?, como sería su trágico final?.

 En 1933 una expedición inglesa dio la primera pista sobre ellos cuando encontró el piolet de Irvine sobre la ruta de cima a una altura estimada de 8,440 mts, lo perdería en la subida o en la bajada?. Durante muchos años no se supo nada nuevo puesto que los chinos cerrarían el paso a la montaña por muchos años, por lo que los intentos de cima se tendrían que reanudar por la cara sur.

 En 1960 siete años después de la conquista del Everest por la cara sur por parte de Hillary y Tenzing, los chinos dijeron haber alcanzado la cara norte para demostrar “la supremacía del régimen socialista”, pero las pruebas de ello todavía son dudosas. Lo curioso es que nadie más pudo escalar esa cara por muchos años, debido al cierre de la montaña por parte de ellos, por lo que ellos fueron los siguientes en pasar por ahí después de muchos años pero no reportaron haber encontrado nada raro, ni objetos ni cadáveres. Por fin en 1975 otra expedición china que intenta otra vez alcanzar la cumbre reporta haber visto un cadáver de “un ingles de ropas viejas” en la ruta de cima, con un agujero en la mejilla y en posición fetal. Esto se lo refirió entre señas y palabras a un japonés que encontró en su camino desafortunadamente la diferencia de lenguajes complico la obtención de más detalles, pero al parecer no se sustrajo nada de este cadáver y no se reporto la existencia de alguna cámara fotográfica. Desafortunadamente el chino murió poco después de contar tal hecho. ¿Alguna de las expediciones chinas habrá encontrado alguna pista que por conveniencia fue ocultada?.

 Efectivamente los hechos sustentan un ascenso casi imposible para su época y más aún bajo las condiciones de ese día, pero tal vez estemos subestimándolos tan solo por su equipo, o por el simple hecho de ser hombres atorados en su tiempo. Pero ellos no eran hombres normales!, o podríamos considerarlos normales?, es normal que un geólogo ascienda hasta los ocho mil metros para hacer investigaciones?, un fotógrafo que se aposta arriba de los siete mil metros con ese equipo tan pesado?, es normal que un hombre ataviado tan solo con saco y bufanda se adentre en las fronteras de la tierra en un tiempo en que ni los aviones de su época alcanzaban tal altura?. En definitiva no eran hombres normales por lo que no deberíamos subestimarlos.

 Permítanme ser romántico con este héroe de mi infancia, e imaginar lo siguiente:

 Irvine logro mejoras substanciales en los tanques de oxigeno, que les permitieron aprovechar incluso los otros tanques no utilizados por sus compañeros, por afinar estos equipos durante la mañana salieron ya tarde. La luz del sol y el excelente estado de los tanques les permitió llegar a  muy buen ritmo a las 12:00 al pie del segundo escalón. Al verlo se sintieron intimidados ante tan complicado obstáculo, pero después de entender que los imposibles están tan solo en nuestra mente y a pesar de saber que una vez sobre de él, cualquier contingencia, una tormenta, una pequeña lesión, el fin del oxigeno, o cualquier otra cosa por pequeña que fuera podría significar la muerte decidieron intentarlo, por que para eso es la vida para soñarlo e intentarlo.

 Para Mallory después de todo no era más que afrontar su destino, él pertenecía a la montaña y la montaña le pertenecía a él, desde que la vio por primera vez en 1920, desde que soñó en escalarla, desde que imagino que era posible, desde que tuvo la ilusión de asentar su pie sobre de ella. En esos momentos no se acordó lo que le había prometido a su esposa e hijo, ni de todos los consejos de sus seres queridos por no arriesgar su vida, esto era algo que iba mucho más allá de ello, era una historia de amor entre dos: la montaña y él. Irvine mientras tanto se dejaba inspirar por la mirada profunda y decidida de su gran maestro, él confiaba ciegamente en él y sabía que si él creía que era posible, lo sería. Sin buscar peros y aportando solo ideas, en total comunión con la montaña se las ingeniaron para superar juntos el segundo escalón justo para llegar a las 12:50 arriba de él, para ser vistos en ese mismo instante por Odell cuando retomaban el paso “a buen ritmo”. Ya nada los podía detener la cima estaba casi a su alcance, en esos momentos la adrenalina les dio tal energía que con pasos vacilantes pero constantes llegaron a la cima varias horas después del medio día. Por fin el Everest era conquistado, estaban ahí en la cima del mundo sin testigos, sin estadios, sin televisión eran solo ellos expandiendo los límites de la humanidad hasta el borde de lo imposible. Ahí en ese pequeño y estrecho punto de la tierra se tomaron de las manos y contemplaron el infinito. Mallory sabía que era tarde, y unas nubes por el norte les amenazaban peligrosamente (Odell reporto una fea ventisca como a eso de las 3:00 p.m.), también sabía que el superar el segundo escalón les consumió tiempo de más por lo que el oxigeno se estaba agotando y que no habría suficiente para el regreso, pero no le importo estaba ahí!, en la frontera del mundo!, consumando su carrera como alpinista, alcanzando la inmortalidad. Eran solo ellos dos, en el punto más alto de la tierra sintiéndose grandes y a la vez pequeños, despidiéndose de la vida que los colmo de grandes satisfacciones y alegrías, vida que alcanzaba su clímax en ese preciso momento perdido y oculto en la inmensidad del tiempo...

 

Mallory vio el reloj y observo el cambio en el clima, con el poco oxigeno que les quedaba y entendió que el descenso se antojaba imposible pero tomo las cosas con calma para no preocupar a Irvine y con su clásica elegancia y caballerosidad se inclino a susurrarle a la montaña las cosas más bellas que jamás le dijo alguien a su amada mientras derramaba una lagrima sobre de ella que dejo en la cima congelada por la eternidad.

 Mientras descendían la tarde los cubrió con sus gélidas sombras, perdidos dentro de la densa neblina en que se hallaban sumergidos decidieron quitarse las gafas de sol antes de descender el segundo escalón, una vez debajo de él se dirigieron al primer escalón ya era de noche, el oxigeno se estaba agotando, el frío era inclemente, sus ropas de lana bañadas de hielo y nieve por la ventisca se tornaron tiesas y gélidas, las botas de cuero estaban ya muy húmedas y frias debido al contacto con la nieve y el hielo, la adrenalina los había abandonado también, fue entonces cuando la última gota de oxigeno salió de sus tanques y solo la voluntad de vivir los hacía continuar.

 Irvine caminaba cada vez más vacilante y preocupado, la oscuridad de la noche y la bruma hacían el camino incierto y desconocido. Mallory se guiaba tan solo por su instinto pues había olvidado su brújula (se encontró después en el campamento cinco), tal vez lo hizo a propósito pues sabía que a donde iba no la necesitaba... por que tal vez el hombre simplemente no iba a ningún lado por que pertenecía a la montaña... Caminando sobre las resbalosas y traicioneras lajas de piedra y hielo de la cara norte sobrevino la desgracia, Irvine trastavillo un poco en un paso, lo suficiente para que el cansancio le impidiera conservar el equilibrio, su pie resbalo y lo hizo caer por la empinada ladera, mientras caía su instinto de agarrarse al suelo lo hizo soltar su piolet (en la expedición de 1933 se encontró el piolet sobre esta arista) , mientras tanto Mallory con el poco tiempo que le dio la cuerda que lo unía a Irnive hasta que se tenso y lo jaló, trato infructuosamente de hacer la maniobra de aseguramiento pero el clavar el piolet sobre ese terreno rocoso era imposible por lo que le fue rebotado por la roca helada, mientras Irvine ganaba cada vez más velocidad jalándolo con el. Jalón tras jalón Mallory era arrastrado rumbo al vacío hasta que la cuerda no aguanto y se rompió. Así cada uno por su lado continuaron la veloz caída cuesta abajo, enfrentando cada uno su destino, dando tumbos entre las piedras mientras sus cuerpos eran fracturados por las rocas, Mallory se olvido del piolet y con el más básico de los instintos se aferro con manos y pies a la montaña en su camino cuesta abajo, mientras Irvine se perdía en el fondo del abismo. Por fin Mallory logro frenarse, pero ya era demasiado tarde, su pierna derecha estaba fracturada, y los golpes recibidos en las diferentes partes del cuerpo le hacían sangrar profundamente por lo que muy pronto su cerebro comenzó a perder el poco oxigeno que le quedaba.

 Ahí boca abajo, con los brazos extendidos, pellizcando las piedras por el intenso dolor, sabiendo que cualquier rescate era imposible y estando conciente de su inevitable final, abrazo a su amada por última vez y quedo tendido con los brazos abiertos agonizando... la noche transcurría y con ella los últimos momentos de aquel gran hombre. La montaña tuvo piedad de él y poco a poco lo fue adormeciendo sus heridas con el intenso frío, los segundos se hacían cada vez más lentos, mientras la perdida de sangre los hacían cada vez más largos, hasta que se volvieron eternos... Solo la noche escucho el último susurro de la montaña que cobijaba al explorador cuando le prometió la gélida inmortalidad.

 Todas esas fantasías puede inspirar un personaje tan mítico como Mallory, pero dejemos de soñar... vayamos ahora a la frialdad de los hechos. Mallory paso a la historia y es venerado por todos los montañistas del mundo no solo por su histórico y heroico intento, o por que durante casi treinta años nadie logro superar la altitud alcanzada en esas expediciones, o por ser un hombre que afronto obstáculos que parecían imposibles para su época, sino por que dio lo mejor de si mismo. El hecho de si alcanzo la cima o no,  corresponderá ser aclarado por los historiadores de montaña y tal vez nunca se descubrirá, pero de lo que no queda la menor de las dudas es que entregó todo, hasta la vida misma por un sueño. El lo soñó, puso lo mejor de sus talentos y cualidades en él, entrego toda su voluntad, creatividad y esfuerzo y aún cuando ya lo había dado todo siempre tuvo la energía suficiente para dar un paso más.

 En 1924 quedo claro que todavía no había la tecnología suficiente para llegar a la cima del Everest, ni para alcanzar la luna, ni mucho menos Marte o para ir mucho más allá, pero el espíritu ya estaba ahí, y ha estado con nosotros desde siempre. Suficientemente grande como para ayudarnos a cruzar ese vacío que nos separa de las estrellas, suficientemente fuerte para darnos el valor para retarlo y alcanzar la cima de la montaña. Ha estado ahí desde que el hombre es hombre y comenzó la primera de todas sus aventuras dar el primer paso en dos piernas sobre esta tierra mientras levantaba su mirada al infinito...

 1ro de Mayo de 1999, por la cara norte del Everest se escucha el clásico sonido del oxigeno cuando sale de los tanques y es respirado a través de una mascarilla. Un grupo de hombres con trajes de montaña hechos de gortex (tela creada por primera vez para los astronautas de la Nasa) de vistosos colores  forrados con pluma de ganso con espesor de diez centímetros, con lámparas de alógeno sobre su frente, pioletes de sofisticadas aleaciones metálicas, botas plásticas impermeables de dos capas, dos pares de guantes en cada mano de flee y gortex, rodean a el cuerpo sin vida de un hombre que yace a casi ocho mil metros de altura, con los brazos extendidos y la cabeza enterrada entre las rocas. Un cadáver sobre el monte Everest no tiene nada de especial, más de 100 personas han muerto escalando la montaña y la mayoría de ellos continúan ahí debido a que son imposibles de bajar, pero lo que tiene de especial este cadáver es que usa botas de cuero tachonadas con clavos y que aunque tiene siete capas de ropa estas no superan ni los tres centímetros de espesor, y además son de lana! Y no de materiales sofisticados, una cuerda alrededor de su cintura no esta atada a un arnés y tampoco esta hecha de los complejos hilos y tejidos de las cuerdas modernas que absorben las caídas sino que más bien parece a un simple mecate atado al cuerpo. Desgarres entre las ropas de su espalda descubren un cuerpo tan blanco como la porcelana, tan perfectamente bien preservado que sería la envidia de los embalsamadores egipcios, sus músculos aún se ven enteros, delgados pero bien marcados y delineados. Uno de los alpinistas que observan la escena devela el misterio cuando se inclina para buscar entre las ropas alguna posible pista y ve un nombre escrito en una de las etiquetas de los suéteres: “G. Mallory”. Es el héroe en persona!, no era una leyenda!, estaban ante la prueba viviente de que alguna vez hubo hombres que se adelantaron a su tiempo y que a pesar de sus limitaciones, no conocieron limites.

 La escena es sublime, un grupo de los mejores montañistas de finales de siglo contempla el cuerpo de uno de los mejor montañistas de principios de siglo y tal vez de todos los tiempos. Con el respeto que se merece tal personaje son extraídos con sumo cuidado algunos objetos  de sus bolsillos:  una navaja con mango de madera, algunas cartas dentro de su sobre, unas gafas para el sol (lo que indica que no las llevaba cuando sucedió el accidente), un altímetro!... pero sin manecillas!. Y de la cámara fotográfica, nada!, ni señales de ella.

De este descubrimiento se deduce que el cadáver encontrado anteriormente era el de Irvine y tampoco tenía la cámara, es de esperarse que si llegaron a la cima habría de contener pruebas de ello, ¿donde podría estar? ¿a caso habrá sido encontrada por los chinos junto con pruebas de que alcanzaron la cima por lo que decidieron ocultarlas o destruirlas para no demeritar su “primer ascenso comunista por la cara norte”. Perdón por ser así de mal pensado pero no inspira mucha confianza la ética de un país que desaloja por la fuerza bruta, a un pueblo tan pacifico como el de los tibetanos, matando a niños y mujeres,  destruyendo sus ciudades, y obligándolos a vivir hasta el día de hoy en el exilio tan solo por no aceptar su filosofía comunista.

 Así con todo ello el misterio continúa y tal vez continuará para siempre, solo él y la montaña conocen la verdad de lo ocurrido aquel 8 de Junio de 1924.

 El cuerpo de Mallory fue dejado tal y como se encontró con los brazos extendidos aferrándose a la montaña, abrazándola, sujetándola, negándose a perderse en el profundo vacío que yace debajo de él, aferrándose a la inmortalidad, cobijado por la eternidad en los brazos de su amada. Su cuerpo ha quedado ahí como una señal de los peligros de la montaña, pero también como monumento de lo que un hombre esta dispuesto hacer por alcanzar sus sueños, como clara evidencia de que los límites no existen pues tan solo están en nuestras mentes...

René Méndez.

 

Extraido y adaptado del Libro: "Desafiando el vacio"
Autor: René Méndez
De venta en: iTunes/iBooks (para iPad) y en Amazon.com (para cualquier dispositivo mobil en formato Kindle)

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